
Al pie de un paredón se eleva una plegaria, y con ella cobran relevancia las voces de los que no se han manifestado por creer que sus apreciaciones no merecían ser consideradas.
(Pobre de ellos, de los silenciosos que desde el vamos siéntense ignorados; pobre de ellos porque en su renuncia hay una consecuencia que más allá de inevitable, puede tornarse peligrosa).
Soplaba el viento llano sobre lo inmutable del cemento, haciendo que el trazo declarante mutara entre temblores. La declaración, merecedora de un sinfin de controversias, se presume que fue póstuma.
"Sólo son suspiros de una realidad difusa".
Ni sueño, ni vigilia. Ni nada que se le parezca. Tan sólo fue una queja de alguien entregado al abandono de sí mismo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario