Sería maravilloso despertar algún día sin estar desbordado por inalcanzables y premeditadas expectativas, con la genuina confianza de que lo mejor de la vida todavía no ha llegado pero que puede estar en vísperas de acontecer en cualquier instante, manteniéndose presente como una fuerza incesante que a cada momento se vuelve más latente.
No solamente sería el triunfo de la sensatez sino también la derrota de la frustración.
