lunes, 16 de julio de 2007

No existe marcha atras

Aquella noche la locura invadió su cabeza, quería salirse, olvidarse de todo lo que lo rodeaba. Era un desentendido, un marginado y ya estaba harto de fingir para lograr amistad con la sociedad. Decidió mostrarse como era y echarse a la suerte, de cualquier manera no habia nada que perder. Tomó su chaqueta, unos cigarrillos y salió a caminar bajo la noche, que para agregar, también lo acompañaba en su llanto inmortal.
Recorrió gran parte de la ciudad, gastándose lo último en aquel viejo bar de la esquina de su casa. A pesar de la concurrencia de esa noche, nadie tuvo un segundo para dedicarle a aquel distinto, pero casi igual, cristiano de poca fé.
Ya no había nada que esperar, su tiempo se había terminado, era tiempo de partir, otra vez. Tomó lo último que le quedaba en el vaso de whisky y se marchó hacia el rio. Una vez allí se sentó sobre una piedra y contempló el mapocho por unos instantes; sucio, frío y peligroso, Aunque para él no significara nada; aquel fenómeno natural, contituye un retrato casi perfecto de su propia vida. Mientras lo pensaba cantó su canción favorita de principio a fin y tomó una decisión.

La alarma de un celular sonó, y un zumbido atravesó su cabeza. Por unos instantes se suspendió en el tiempo y se olvidó de la realidad. El dolor se perdía cada vez más, igual que él, iban desapareciendo...

El celular seguía funcionando, segundo a segundo se perdía la oportunidad, hasta que por fin se fué.