Morir. Decir adiós. Dejar reflejado en un mural quién ha sido uno. Para que lo conozcan quienes no han tenido la oportunidad de hacerlo. Para que lo recuerden quienes sí lo han conocido. Para todos.
Aquí yace alguien que, sin dudas, no ha sido uno más. Alguien que se esmeró por trascender, por dejar su huella en el mundo, por querer anticiparse al olvido y quedar en posesión de él.
En su funeral, los vio allí reunidos. Con miradas absortas, desbordantes. Con destellos de luz en los ojos de los que no tienen perdón. Unos tras otros dejando testimonio, estando presentes ante el momento del adiós.
"¿Por qué me lloran?", habrás pensado sin darte cuenta de lo grande que has sido. Esa grandeza que te ubica en un pedestal, sitio que muchos de nosotros quizás nunca podamos alcanzar. Y ese pedestal que nos mira con resignación por no haberte sabido aprovechar.
Un hombre común. Y distinto. 1980 - 2007.
jueves, 26 de abril de 2007
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