
El sentimiento de la libertad implica un acto, que puede connotar la osadía de arrojarse a una aventura o el temor por no estar en condiciones de evitar un posible y enloquecedor devenir de inciertas consecuencias. Después de todo, en parte de ello consiste la vida: en el intento. El resto de las cosas, descartando las apelaciones a la casualidad, obedece a un complejo criterio de conjuras que conducen, por lo menos, a alguna realidad de la cual la conciencia sea capaz de dar cuenta.
Se dirá que el hombre es un hombre de deseos y que cuando los mismos superan a sus posibilidades de realización, el síntoma se traduce en frustración. Se dirá también, y con razón, que los deseos tienen un comienzo, un punto de partida que, aun en la abstracción del plano ilusorio, van dándole forma a una hipótetica realidad que se pretende y que el solo hecho de pensarla no alcanza para que se constituya como tal.
El deseo puede ser inconciente; nacer, incluso, cuando el ser humano ni siquiera sabe que tiene deseos. El deseo es un camino, quizás parte de un instinto, lo que anima al hombre a vincularse con lo desconocido venciendo al mismo tiempo sus temores por quedarse detenido de una vez y para siempre.
Cierto es que nadie pide nacer; cierto es, también, que cada persona se encuentra ante la oportunidad única de elegir, primero, si quiere vivir y, segundo, en caso de que la respuesta sea afirmativa, de qué manera. El contexto influirá en las concepciones que tenga sobre el mundo que habita. Y teniendo en cuenta todas estas condiciones - entre tantas otras más -, decidirá por su cuenta lo que crea justo y necesario para su ser.
El factor de lo inesperado no siempre debe ser causa del renunciamiento a genuinas intenciones. Una cosa es la precaución y otra muy distinta la cobardía. El margen de error existe en todos los órdenes de la vida, de manera que la cuestión pasará por convivir con algo que sí es incuestionable: que el tiempo es muy poco y que el no poder haber hecho hoy lo que deseamos quedará para mañana; siempre y cuando, claro está, haya mañana.



