sábado, 1 de marzo de 2008

Ayer fue 29 de febrero, novedad que se presenta en los almanaques una vez cada cuatro años, y que tiene que ver con el hecho de recuperar esas horas perdidas que quedan en el sistema de rotación y traslación de la Tierra.

Hay quienes guardan para sí la silenciosa esperanza de que un suceso como éste - es decir, el rescate de horas dispersas para reunirlas en un día más - sea felizmente decisivo para el rumbo de sus vidas. Un poco por una cuestión de principios (lo nuevo, algo nuevo arrojará) y otro poco para jugar con la excusa de que cualquier motivo del universo es apropiado para generar buenos momentos.

Quizás pensar en la existencia de un día más lleve implícita la sugestión de que se rompe con cierta monotonía cada vez que se piense agudamente en la sucesión del tiempo, que al fin y al cabo, responde a una concepción meramente humana.

Quién sabe. Puede que pase algo extraordinario. O que todo siga igual........

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